Sentimientos

Sentimientos




La niña no podía permitirse sentir con toda su fuerza el terror, el dolor o la ira. La agonía habría sido aniquiladora. No podría haber hecho sus deberes de aritmética junto a sus compañeros si hubiera conocido la pro­ fundidad de su sufrimiento. Y no podía ocurrírsele matar a su padre, si dependía de él para alimentarse.

Puesto que su amor y confianza inocentes fueron traicionados,  la niña aprendió que no podía confiar en sus sentimientos. Tal vez la expresión de sus sentimientos sólo encontró burla o desdén. No se le hizo caso, se le dijo que no tenía de qué preocuparse y se la volvió a acosar sexualmente.

Si los adultos que la rodeaban no controlaban  sus sentimientos, eso le transmitió el mensaje de que los sentimientos conducen a la violencia o a la destrucción. La ira significaba azotes y cosas lanzadas por la habitación.

La niña puede haber aprendido a bloquear el dolor físico, o porque era demasiado terrible, o porque no quería dar al agresor la satisfacción de verla llorar. Pero como no se pueden elegir qué sentimientos habría que bloquear, sencillamente dejó de sentir.

 

¿Dónde estás ahora?

 

¿Sabes  reconocer  tus  sentimientos?  ¿Distinguir  unos  de otros?

¿Te cuesta expresar tus sentimientos?

¿Consideras que los sentimientos son una complacencia o desenfreno?

¿Te  sientes  cómoda  con  la  rabia?  ¿Con  la  tristeza?  ¿Con  la  felicidad?  ¿Con  la tranquilidad?

¿Te sientes confundida la mayor parte del tiempo?

¿Sientes una gran variedad de emociones o sólo unas pocas?

¿Eres propensa  a la depresión? ¿A  lás pesadillas?  ¿A los ataques de pánico?

¿Te ha preocupado la posibilidad de que te estés volviendo loca?

¿Les tienes n;¡iedo a tus sentimientos? ¿Te parece que siempre están descontrolados?

¿Alguna vez has expresado tu enfado de forma violenta o con maltrato?

 

(Bass y Davis: El coraje de sanar).


(Bass y Davis: El coraje de sanar).