Carta nº 1: El sufrimiento humano

Carta nº 1: El sufrimiento humano




Mis queridos nietos. Acabáis de incorporaros al grupo de los seres humanos y lo habéis hecho, como no podía ser de otra manera, con sufrimiento. Un sufrimiento natural, intrínseco a la vida misma. La alegría por vuestra aparición ha sido indescriptible, independientemente de que veamos en vuestro rostro las señales de los esfuerzos y penalidades que habéis pasado en el trance. ¡Bienvenido vuestro sufrimiento si el resultado es veros aquí, abrazaros, sentiros, escucharos, emocionarnos…!
Es cierto que vosotros no estáis capacitados en este momento para comprender nada de todo esto que os digo. No os preocupéis. Los que os rodeamos, vuestro contexto más próximo, nos encargaremos de que os vayáis introduciendo en el laberinto humano, de andamiar el camino hacia vuestra "humanidad".
No venís al mundo en el mejor momento para que os desarrolléis equilibradamente. En los inicios de este siglo XXI impera en nuestra sociedad valores contrarios al hecho natural que acabáis de vivir: sufrir (en el parto) para alcanzar algo superior (vivir). Ciertamente esta sociedad está teñida de valores hedonistas que consideran que el sufrimiento, el dolor, el esfuerzo, las normas, no tienen cabida, no han de formar parte de la vida de una persona sana y equilibrada. Por ello, se hacen ímprobos esfuerzos por evitar el sufrimiento y buscar ese tipo de felicidad. En definitiva, se defiende, se acepta sin análisis, que la persona ha de sentirse bien para vivir y si no es así se sentirá desgraciado y ni vivirá por su incapacidad de actuar. Ya os adelanto que evitando experimentar el sufrimiento, evitareis la vida. Si queréis vivir felices, será inevitable que afrontéis y toleréis los momentos de sufrimiento.
Es tanto lo que os quiero que deseo que ninguna de estas tendencias imperantes se cumplan en vuestras vidas. Deseo que viváis en un contexto que os enfrente a frustraciones adecuadas a vuestra edad (por ejemplo, no se os deje comer un caramelo antes de merendar y os aguantéis vuestro sufrimiento y enfado) y podáis aprender a posponer las pequeñas gratificaciones para que cuando lleguen otras situaciones más complejas estéis entrenados a enfrentaros ante las dificultades, y no las evitéis metiendo la cabeza debajo del ala. Deseo que aprendáis a moveros dentro de unas normas, de unos límites, democráticamente aceptados e impuestos, que os ayude a sentiros seguros. Deseo que el esfuerzo, el placer por la mejora, sea una constante en vuestra vida. Os deseo muchos más "sufrimientos" que os iré escribiendo poco a poco, pues considero que aceptarlos como una parte más de la vida os va a ayudar a sentiros bien, a disfrutar/sufrir, a sentiros equilibrados, expansivos, etc.
Vuestras madres (y padres) en vuestro nacimiento, a pesar del sufrimiento que han vivido, centraban su cabeza, sus pensamientos, en el placer, en la emoción de algo muy superior como era veros, tocaros, cuidaros, quereros…  Por lo tanto, el sufrimiento se aceptó y no impidió, ni limitó, la felicidad final. Vuestros padres se hacen personalmente más fuertes interiorizando y aceptando este principio. La maravillosa responsabilidad de ser padres es actuar, moverse y potenciar este planteamiento para que vosotros terminéis asumiéndolo y descubráis que replicas de relojes para ser felices, para sentirnos bien, no es necesario disfrutar siempre y todo lo posible. Esta idea, sí que es una poderosa arma personal.
Porque os quiero, os pido que viváis, que os mováis, que os pongáis el mono de trabajo hacia esos objetivos importantes en vuestra vida, a pesar de las zancadillas, de los dolores, de los sufrimientos.

La vida es dura e injusta, lo sé, pero hay que vivirla…
Os quiere, vuestro abuelo.