Los antidepresivos en tela de juicio

Los antidepresivos en tela de juicio

Todas las personas se sienten tristes en diferentes momentos y situaciones de sus vidas.



 Sin embargo, mientras que para la mayoría de nosotros es un síntoma puntual y normal, para un 10% de la población española (Organización Mundial de la Salud –OMS-), es decir, para casi cuatro millones de ciudadanos, estos síntomas de tristeza, acompañados de otros como desmotivación, sensación de inutilidad, insomnio, hipersomnio…. pueden prolongarse en el tiempo y durar meses, e incluso años, interfiriendo notablemente en su vida cotidiana. Cuando es éste el caso, estamos hablando de depresión.

La depresión es un trastorno mental que puede resultar altamente incapacitante para las personas que lo padecen. Se estima que una de cada 6 personas sufrirá depresión a lo largo de su vida, lo que supone 121 millones en todo el mundo. La OMS señala que, a pesar de estos datos, menos del 25% de los pacientes afectados por este trastorno, en algunos países menos del 10%, tiene acceso a un tratamiento eficaz. Además, indica que la depresión es un trastorno de fácil diagnóstico, y que, poniendo a disposición de los pacientes los medios adecuados, podría detectarse y tratarse de forma eficaz desde los propios dispositivos de Atención Primaria. Añade que los fármacos y la intervención psicológica son los tratamientos de elección en la depresión.

Sin embargo, a pesar de lo indicado por la OMS, los datos revelados por el equipo de Kirsch ponen ahora en entredicho la eficacia del tratamiento con antidepresivos, lo que apunta claramente a la conveniencia de abordar este trastorno desde una óptica diferente y dar prioridad a la terapia psicológica frente al uso de fármacos.

Independientemente de esta cuestión, ¿qué es lo que está originando que hasta un 90% de los pacientes en algunos países no estén recibiendo un tratamiento eficaz?. Según la OMS tres son las barreras que están impidiendo o dificultando el acceso a ese tratamiento: la falta de recursos (económicos, humanos…); la escasez de profesionales con formación para ofrecer esos tratamientos; y el estigma social asociado a los trastornos mentales, entre ellos, la depresión.

En nuestro país, el acceso de los pacientes a una terapia psicológica en el ámbito de la sanidad pública es complicado, ya que se trata de un servicio que en el sistema sanitario español se localiza en el nivel de atención especializada y no en Atención Primaria, que es el de primer acceso para los usuarios. Éste podría ser uno de los hechos implicados en el uso abusivo de los tratamientos farmacológicos frente a la intervención psicológica. La saturación del sistema sanitario, la necesidad de los médicos de Atención Primaria de dar salida a la gran cantidad de pacientes que reciben, y el escaso número de profesionales de la Psicología en los distintos niveles de atención, podrían ser otros motivos que estén favoreciendo esa medicalización de los problemas psicológicos. Cabría además cuestionarse si no están las propias empresas farmacéuticas fomentando las prescripciones al hacer públicos sólo aquellos resultados que favorecen sus productos y que hablan de su supuesta eficacia, ya que esto genera una engañosa percepción de que el fármaco terminará con los problemas del paciente.

Según el informe presentado hace dos años por el Grupo de Política de Salud Mental del Centro de Actuaciones Económicas de la Escuela de Economía de Londres (The Centre for Economic Performance’s Mental Health Policy Group, London School of Economics), la intervención psicológica debería ofertarse a todas las personas que presentan depresión y ansiedad, dado que es eficaz y preferible frente a la prescripción de fármacos. Según explica el informe, si bien a corto plazo la terapia y el uso de fármacos presentan una eficacia similar, a largo plazo es la terapia psicológica la que ha demostrado mantener sus efectos